Archive for enero 2012

San Juan y la Voz de Dios

sábado, 28 de enero de 2012 · Posted in , ,

San Juan Evangelista, según el Greco
Leo en El Juego del Apocalipsis, de Jorge Volpi, lo siguiente: "La mayor parte de los eruditos coincide en que Juan de Patmos, como suele llamársele ahora, no es el mismo autor del evangelio y de las cartas atribuidas a el que figuran en el Nuevo Testamento, aunque sin duda se trata de alguien que perteneció a la llamada 'escuela joánica' es, decir, al circulo de seguidores del apostol". Esta declaración aparece en voz de uno de los personajes de la novela, Terry Anderson, experto en el tema. "Supongo que ya nadie se traga la version canónica", dice otro personaje. Casi nadie, responde con autoridad Terry.
Desde luego, hay mucho trabajo en la biblia para los críticos y los escépticos. Es bien sabido que, por ejemplo, los reyes han usado por siglos a los negros literarios para escribir obras que la posteridad les concede. Incluso en la historia moderna alguien como De Gaulle presentó como suya su autobiografia bien escrita, algo que nadie le creyó.
Las editoriales lo hacen mas o menos así: Se buscan a un personaje famoso que pueda vender muchos libros con su nombre en la portada, digamos, Hugh Laurie, el Doctor House. -Hugh, necesitamos que escribas tu autobiografia. -¡Perfecto!, dice Hugh, sólo hay un problema, no sé escribir ni una sola línea con coherencia. - No te apures, querido Hugh. Aquí tenemos a Johny NoName que te va a apoyar realizando ese trabajo. Tu sólo firma como autor. Te vas a llevar un muy buen dinero.-¡Hecho!
Meses despues, el Doctor House presenta a la venta un libro que es un "bestseller" en el que sólo escribio su nombre.
No sólo Hugh Laurie, también Julio César, el rey David y hasta Shakespeare, según algunos atrevidos, usaron negros para escribir obras con las que pasaron a la posteridad. Muchos otros, reyes y personajes públicos, lo han hecho. Escribir es una actividad demandante y, a menos que uno sea un genio, en la primera obra no se logra la maestría de estilo que vemos cualquiera de los libros atribuidos a David. O el rey era un super hombre: valiente militar, audaz politico y excelente escritor; o era lo primero y lo segundo y se consiguio un buen negro que escribiera sus obras para alcanzar lo tercero.
Sin embargo, el escepticismo en relacion a la biblia ha llegado a extremos chocantes. Hay quienes a Cristo, el personaje principal del libro, no le conceden -casi- ningún atributo. La ausencia de hombres tan extraordinarios como él en la actualidad es lo que nos produce tanto desconcierto. No concedemos algo que nosotros mismos no tenemos y nunca hemos visto como atrubuto en alguien más.
Lo que me lleva a pensar que Terry se equivoca, y que Juan de Patmos es efectivamente Juan Evangelista, no es otra cosa que las coincidencias en el evangelio de Juan y el Apocalipsis. Si Juan de Patmos es otra persona, no sólo copió el nombre, sino tambien el estilo y la maestría de su homónimo, ¡estamos ante un verdadero milagro!.
Creo que no es casualidad que esos dos libros sean precisamente los más bellos del Nuevo Testamento -acaso de la biblia-. Compárese la gran similitud que hay en los evangelios de Marcos y Mateo, hay en realidad pocas variantes, al grado que muchos coinciden en que uno copió al otro. Lucas da una version distinta, y es quien menciona lo poco que se sabe de la infancia de Cristo. Aparentemente estuvo en contacto con Maria Madre en los primeros años del cristianismo y recibió esas historias de primera mano. Los tres primeros evangelios son totalmente anecdóticos, sobre todo Lucas. Ninguno de ellos tiene el poder de seduccion y engaño del estilo del de Juan.
"Juan era el discipulo que Jesus más amaba" , dice el mismo Evangelista; algo dificil saberlo, recordemos que Judas Iscariote dice lo mismo en su evangelio. Sin embargo, podemos decir con toda certeza que Juan fue el discipulo que más amó a Cristo. A grado tal que le dio voz y contribuyó, no poco a mi parecer, a volverlo hijo de Dios:

"Al principio era el verbo, y el verbo era con Dios, y el verbo era Dios".

En la Primera Carta insiste:

"Lo que hemos mirado y nuestras almas han palpado acerca del Verbo que es vida".

Este hombre se adelanto dos mil años a Vargas Llosa, ¡EL VERBO ERA DIOS!.Juan se da cuenta, y lo manifiesta desde el principio, del poder de la palabra. Es la palabra la que volverá divino a Cristo. Juan fue el primer deicida. Hizo por Jesús lo que Homero hizo por Aquiles, lo que Arriano hizo por Alejandro y Platón por Socrates: le prestó la voz con la que alcanzó las cotas celestiales. Juan dominaba como ningún otro de los autores bíblicos el arte de escribir. Sabía exactamente qué decir y que ocultar. Sabía que el hombre común debe encontrar el lenguaje de sus libros como algo lejano y propio más bien de seres divinos. Algo a lo que la Iglesia recurrió durante mucho tiempo al incluir pasajes en latín durante las misas. El uso de las lenguas locales contribuyó a popularizar el cristianismo, pero vulgarizó y degradó el mensaje. Un buen traductor de Juan debe alejarse todo lo que pueda, dentro de la riqueza del idioma, del habla común de la gente para que el mensaje siga teniendo ese caracter divino que se le imprimió en el original.
Compárese, de nuevo, la belleza del evangelio de Juan con la versión "New Age" del ministerio de Cristo que escribió Judas Iscariote, o su negro literario, en su recién descubierto evangelio. Personalmente creo que los editores de la biblia hicieron muy bien en no incluir en el canon este y otros libros; no por razones teológicas, sino por razones estéticas. No hay lugar en la biblia, una coleccion de libros bellos, para un libro tan mal escrito y de tan mal gusto como el evangelio de Judas. Flaco favor le hicieron sus amigos si querían librarlo del escarnio infligiéndole para la posteridad uno peor al atribuirle la autoría de ese libro.
El final tambien es solemne e insuperable:

"Jesus hizo muchas otras cosas. Si se escribieran una por una, creo que no habria lugar en el mundo para tantos libros".

Tanta belleza en una frase sólo la encuentro, 1600 años despues, en Cervantes:

"No fuyades, cobardes y viles criaturas, que un solo caballero es el que os acomete."

Es Don Quijote, lanza en ristre, contra los molinos de viento.
Pero es en el Apocalipsis en donde Juan verdaderamente suplanta a Dios, lo crea a través de la palabra. Ningún otro de los libros de la biblia tiene tal poder de persuación. El Apocalipsis es de los libros más impresionantes de toda la biblia, y hasta el día de hoy es capaz de generar debates encendidos como si el fin del mundo fuera a ocurrir mañana. Pero no es sólo el tema lo que impacta. Hay que recordar que Daniel ya habia escrito algo similar siglos antes. Y las profecías de Daniel no son, ni de lejos, tan familiares hoy como lo son las de Juan.
Basten de nuevo unas frases elegidas casi al azar:

"Yo soy el Alfa y la Omega, El que Es, el que era, y el que ha de venir; el Señor del Universo".

"He aquí, yo estoy a la puerta y llamo: si alguien escucha y abre la puerta entraré y cenaré con él y él conmigo".

"Yo soy el camino, la verdad y la vida"

"Yo soy el Alfa y la Omega, El primero y el Último, el Principio y el Fin".

El final es mejor:

"El que da fe de estas palabras dice: 'sí, vengo pronto'".

Un amigo mío me ha dicho muchas veces que Bach escribió la música de Dios. Lo concedo. Pero basta con leer las frases anteriores para saber que Dios, si existe, tiene que hablar asi: con la voz que le dió san Juan Evangelista.
Es Vargas Llosa quien ha dicho, con toda razon, que un buen escritor tiene la virtud de poder narrar una historia con las palabras exactas que ésta requiere. Que las palabras y la historia se necesitan una a la otra y que esta sólo puede ser contada, y creída, con, y sólo con, aquellas, justas e invariables. En Busca del Tiempo Perdido, La Iliada, el Quijote, el Apocalipsis, tuvieron y necesitaron ser escritos tal como lo están para poder sobrevivir hasta ahora. Con las pausas y los tiempos, con lo que revelan y ocultan, con todo lo añadido y todo lo suprimido. Caso contrario, las obras no estarían con nosotros. Habla bien de los antiguos judíos el que un pescador, hijo de aldeanos y pescadores, sin dinero y sin la menor educación formal escribiera algunos de los libros más importantes de la humanidad y contribuyera tanto a la formación actual del mundo. Aunque tal vez no sea una casualidad que haya sido alguien tan humilde, quien le prestara su voz al hijo de Dios. Quizá sólo estaba huyendo de sus orígenes, de su pasado y de su condición. Y en su afán por alejarse de lo terreno, alcanzó lo divino.

Kaibiles, Espartanos y Sociedades Militares

sábado, 14 de enero de 2012 · Posted in

Churchill, defensor de la cultura.
Durante la segunda guerra mundial, justo cuando la existencia de Inglaterra, bien o mal la democracia más exitosa y duradera de nuestro tiempo, estaba amenazada por los nazis, Churchill sorprendió al parlamento con una petición extraña: el primer ministro quería asignar un presupuesto demasiado alto a la cultura y a las artes. Como si los tiempos estuvieran para sensualidades. El parlamento se opuso argumentando que la prioridad era entonces vencer al enemigo que amenazaba con tragarse a Europa entera. Ya vendrían, después de la victoria, tiempos de bonanza en los que los ingleses dedicarían sus esfuerzos a las artes y a los oficios. Por lo pronto a matar alemanes.  De los argumentos de Churchill para defender su propuesta sobresale, como venida de la Grecia clásica, la siguiente frase: "si no vamos a tener arte, ciencias ni cultura, entonces por qué vamos a pelear".
Churchill tenía razón. Alemania ya había expulsado o aniquilado a millones de personas del centro de Europa, muchos de ellos científicos y artistas que buscaron refugio en Estados Unidos. Si el Reino Unido se iba a convertir en un desierto cultural y en una sociedad militar, entonces bien podían someterse sin más al enemigo.
Desde siempre, Esparta ha sido modelo de las sociedades militares. Justo después  del nacimiento, los niños eran expuestos a la muerte alejándolos por días en las montañas, sólo los que sobrevivían eran aptos para ser soldados. Se practicaba la eugenesia y nadie podía poseer más que los demás. Nadie podía desertar y tampoco conocían otras sociedades. El espartano no recibía una ración de alimentos, estaba obligado a robar, cazar y hacer cualquier cosa para sobrevivir, como en una guerra; tampoco tenía vida marital, debía vivir permanentemente en un cuartel y sólo se casaba para procrear hijos-soldados. Esparta no tenía un ejército, Esparta era un ejército. Un extranjero agudo e ingenioso dijo después de una visita: no me sorprende que los espartanos sean tan buenos soldados, con la vida que llevan es comprensible que no le teman a la muerte.  Esa disciplina del pueblo dorio rindió sus frutos: sometieron a la esclavitud a la población pelasga y aquea nativa mucho más numerosa, con los cuales nunca se mezclaron, contribuyeron a la victoria griega sobre el imperio persa (tal vez el evento militar más recordado de la segunda guerra médica sea el enfrentamiento del rey Leónidas y trescientos de sus soldados contra un ejercito de cientos de miles de persas a los cuales les causaron, según cifras más o menos alegres, unas diez mil bajas) y se enfrascaron en una guerra de 30 años con Atenas, a la cual dejaron en una debacle de la que nunca se recuperó. Sin embargo nunca ocurrió lo que Licurgo, el creador de ese código de conducta, pronosticó: nunca la disciplina exaltó el espíritu espartano para producir grandes obras de arquitectura, ni arte ni poesía. 2400 años después Esparta es un pueblito habitado por algunos miles de habitantes que no recuerdan para nada su glorioso pasado militar.
En cambio Atenas no fue un pueblo guerrero. Los ejércitos de Maratón, Salamina y Platea eran en su mayoría artesanos, campesinos y artistas de pronto transformados en soldados para defender su libertad, su democracia y su cultura. Fueron un pueblo cosmopolita que por su ubicación geográfica tuvieron que volverse navegantes y salir muy pronto de su aislamiento. Las traiciones políticas iban y venían y muchas injusticias cometió Atenas con algunos de sus mejores hombres; no tuvieron una férrea disciplina militar aplicada a su vida y la imágen que ha trascendido de ellos es más bien de tipos licenciosos muy dados al placer. Sin embargo, más de veinte siglos después, tanto Sócrates como Platón, Aristóteles y Jenofonte, Eurípides y Esquilo, siguen siendo referentes culturales en la historia de occidente. En las guerras médicas, Atenas tenía por qué luchar, Esparta no.
Pero qué tanto se puede prescindir de un ejército entrenado y disciplinado que proteja a la población civil de eventuales enemigos internos o externos. Después de todo nos gusta recordar las hazañas militares, más que cualquier obra científica o cultural, como símbolo de la grandeza de nuestro pueblo. Actualmente América Central y México viven en una guerra de guerrillas más o menos declarada entre narcotraficantes y ejércitos regulares en la que contínuamente ocurren masacres en uno y otro lado. La respuesta única de los gobiernos de los países involucrados ha sido aumentar el número y la agresividad de los soldados. Kaibil es un título que reciben algunos militares, principalmente guatemaltecos, pero también los hay de otros países, que sobreviven a un entrenamiento en centroamérica diseñado para convertirlos a base de torturas físicas y sicológicas en, más o menos, en unos autómatas que cumplan órdenes en el campo de batalla sin cuestionar nada. El nuevo presidente de Guatemala, general retirado Otto Pérez Molina, advierte que los kaibiles serán la fuerza con la que atacará a los narcotraficantes en su país. Muchos ciudadanos guatemaltecos, y mexicanos, se sienten orgullosos de la sola existencia de ese grupo militar y piensan que están más seguros con esas personas patrullando las calles. Pero resulta que los kaibiles se vuelven pronto desertores de los ejércitos regulares y son contratados por los mismos criminales a los que combatirían y los cuales les pagan salarios más altos que los que les da el gobierno.  También es conveniente recordar que los narcotraficantes no caen del cielo; son hombres y mujeres de nuestros propios países, o aun si no lo fueran, no podrían cometer sus crímenes sin el apoyo y la complicidad de los gobiernos locales.  En este, como en otros casos, se destruye desde adentro lo que se quiere proteger del exterior.
Suiza es un país ubicado en una de las zonas, históricamente, más conflictivas del planeta: el centro de Europa. Con Alemania, Francia y Austria presionando por un lado y Rusia; por el otro, Suiza se las ha arreglado para permanecer neutral durante las dos guerras mundiales. Los pacíficos suizos no tienen el mejor ejército del mundo, de hecho su milicia es casi inexistente. Japón también está ubicado en una zona políticamente inestable: Rusia, Corea del Norte y China son naciones con armamento nuclear que constituyen una amenaza más o menos seria. Sin embargo Japón ha dejado de ser una sociedad militar. Su trabajo, sus productos electrónicos y sus empresarios les han servido para conquistar mercados en todo el mundo. Japón no necesita que asesinos de diseño patrullen sus calles para darles seguridad.
"La única manera en la que las cosas calan es cuando el cuerpo está destruído, cuando lo aqueja el hambre, la fatiga, la sed, el calor y el frío. Entonces el cuerpo ya no se resiste, se fortalece", dice un kaibil con palabras que bien pudo haber dicho Licurgo. ¡Cuánta distancia hay entre países que buscan su salvación en las faldas de los militares, como México y Guatemala, y las democracias que sobreviven gracias a la vigilancia y participación de todos sus ciudadanos como Grecia y Reino Unido! La misma que hay, dicho sea sin ánimos de ofender, entre Sócrates y los kaibiles.

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