Archive for 2012

Lectores extraños: El incorregible vicio de leer.

domingo, 23 de septiembre de 2012 · Posted in

El escritor chileno Roberto Bolaño, cuenta que durante su estancia en México compartió un departamento con el poeta Mario Santiago, el cual, al igual que Bolaño, era un lector empedernido de todo tipo de literatura. Santiago llenaba todos los huecos de su agenda leyendo. Leía en el camión, en la cama, en la calle, e incluso en el baño. Desde luego, no fue el primero ni será el último que utilice las horas muertas pasadas en el baño para leer, pero eso no es lo sorprendente. Bolaño confiesa entre risas de resignación, que después de algún tiempo de encontrar sus libros mojados en días en los que definitivamente no había llovido, hizo un descubrimiento insólito acerca de su compañero de piso: Mario leía libros de pie, en el baño, mientras se bañaba.

Dice Vargas Llosa que un día, de pronto y después de haber viajado ya miles de kilómetros en avión, se dió cuenta de que tenía pánico a volar. Y el miedo a volar, nos dice, no debe ser confundido con el miedo a la muerte. Es miedo a volar. A 10 000 metros de altura, no sirven de consuelo todas esas estadísticas que garantizan que es más seguro el avión que ir en autobus o, incluso, caminar por la banqueta. Así que probó diferentes analgésicos: embriagarse con whiskey, terapia sicológica, etc. Nada de eso funcionó; a las cuentas del sicólogo, los tragos añadieron mareo durante los viajes; dormir tampoco fue opción. La solución llegó, no de otra forma pudo ser, de los libros. Vargas Llosa se dió cuenta de que bastaba perderse durante todo el viaje con una obra del tamaño preciso para la duración del vuelo. Los aviones ya pueden saltar, virar, bajar y subir y él ni se inmuta, leyendo y releyendo a Fernando Vallejo, a Hemingway, a Tolstoi. Ahora, cuando viaja, lleva siempre en su bolsa, una pequeña novela corta, el único paliativo que le funcionó a un hombre que parece haber encontrado en las letras la solución a todos sus problemas.

El mismo Vargas Llosa, en su columna Piedra de Toque, alguna vez publicó la historia de una mujer extraña. Una señorita de Londres que murió y vivió casi en el anonimato. Nadie le conoció nunca un novio, esposo o amante, nadie recordaba siquiera que hubiera tenido amigos. A pesar de sus 80 años, quienes la conocieron coincidían, al hablar con los periodistas, que había muerto sin conocer el amor, ni el físico ni el platónico. Lo extraño del caso, es que la anciana había dejado como herencia, a una asociación de escritores, 400 000 libras esterlinas para la instauración de un premio dedicado a las novelas rosas. Ella misma había sido, en la década de los 50, una escritora de ése género que llegó a publicar hasta 2 novelas al año. Cuando supieron semejante noticia, sus vecinos aburguesados no dejaban de preguntarse por qué habiendo tenido tanto dinero había cometido tal tontería, en vez de procurarse una vida decente. Sin embargo, advierte Vargas Llosa, los tontos fueron siempre ellos, que se limitaban a vivir sus terrenales vidas y no imaginaban la riqueza de la que llevaba dentro de su departamentito la viejita de las novelas rosas. Dentro de ese espacio físico, había tenido amantes, matrimonios, desilusiones, lágrimas y risas, todo a través de los libros que semanalmente le llevaba un empleado de la biblioteca local, que fue el único que pudo dar razón de lo que esa mujer hacía durante todo el día.

La idea de el paraíso como una fuente de placer eterno, sólo refleja el hecho de que nadie está contento en este terrenal valle de lágrimas. Quienes no sufren por hambre o enfermedades, sufren por el amor o por la muerte. Como durante el proceso de asimilación de una pena, la humanidad completa se niega a aceptar que lo que hay en éste mundo, por variado que sea, tiene que ser todo a lo que venimos. El paraíso es el resultado de esa negación. Pero hay de paraísos a paraísos, y el más original, según creo, es el de Borges. Él no quiere doncellas o paz o vida eterna, él sólo busca libros. Para él, la gloria es un vasto universo en forma de biblioteca. Sorprendentemente, creo que más que los cristianos, los budistas, o cualquier otra religión, Borges es el único que ha alcanzado realmente el paraíso: él se negó a la realidad y se abrió a la fantasía, a través de la lectura. Si yo fuera Dios, le concedería a Borges la gracia de estar por toda la eternidad leyendo en una biblioteca infinita.

Rey y Peón Contra Rey (Casillas Críticas)

jueves, 9 de agosto de 2012 · Posted in

"Toda partida tiene tres fases: en la primera uno espera contar con una ventaja; en la segunda uno cree que posee una ventaja; en la tercera uno sabe con seguridad que perderá".
S. Tartakower

En el más simple de los finales de ajedrez el material se ha reducido al mínimo: un peón para el bando fuerte y nada, excepto el rey, para el débil. Hay más de 80,000 posiciones distintas con estas piezas en el tablero y la mayoría resultan  sin interés especial. Pero que el final sea simple no quiere decir que sea fácil. El camino es largo y hay muy buenas oportunidades de arruinar las cosas.
Sean, por ejemplo, las siguientes posiciones típicas:


Figura 1 Juegan Blancas y Ganan




Figura 2 Blancas Juegan y Empatan.

En la primera, hay que luchar por la victoria; en la segunda, por el empate. Si el lector sabe cómo resolverlas, entonces le sugiero que  deje de leer esto y busque algo más provechoso, como el Libro IV de la enciclopedia de finales Comprehensive Chess Endings, escrito por Maizelis y Averbakh.
Los finales de rey y peón contra rey pueden dividirse en general en  dos categorías: 

a) El peón puede coronar sin la ayuda del rey según puede verificarse con la regla del cuadrado.
b) El peón no corona solo y por lo tanto es necesario el auxilio del rey.

En esta entrada veremos el segundo caso. Y a su vez se dividirá en dos partes: peón en sexta línea, peón en una línea distinta a la sexta.

Peón en sexta:

Figura 3. El peón corona sin importar dónde esté el rey negro.

En la Figura 3 aparece un peón colocado en la casilla d6 y el rey blanco apoyándolo firmemente anclado en e7. En este punto es totalmente prescindible en dónde esté el rey adversario y quién mueve: el peón va a coronar inexorablemente. Lo mismo puede decirse si el rey blanco se encuentra en d7 y en c7. La toma de cualquiera de esas tres casillas por parte del rey blanco garantiza que el peón va a coronar. Para fines prácticos esas casillas son muy importantes y tienen un nombre: Casillas Críticas. La posición de la Figura 3 es clara, pero definitiva. Un poco antes la posición pudo haber sido la que aparece en la Figura 4


Figura 4  Una posición de zwgzwang mutuo.
Para ganar, el blanco tiene que colocar su rey en una de las casillas críticas. ¿Puede hacerlo? Eso depende de quién tiene el turno. Un tiempo de ventaja es, en la apertura o en el medio juego, bastante útil, pero no siempre en los finales. En esta posición en particular hay un zwgzwang mutuo: el turno es malo para aquél que juega. Si juegan las blancas, después de 1.d7+, Rd8 el blanco debe decidir entre ahogar al enemigo con 2. Rd6 ó dejar el peón en captura. Si es el negro quien mueve, entonces después de 1. Rd8, d7 2. Rc7, Re7, el peón corona.
La posición de la Figura 4 se puede resumir con esta receta: 

Para coronar un peón en sexta, es necesario mover el rey a la casilla lateral frente a la cual se encuentra el rey adversario, cediéndole entonces el turno. Si esto no es posible, la partida se empata.


Hitler vs Napoleón

jueves, 5 de julio de 2012 · Posted in

Hay un par de paralelismos, más evidente uno que el otro, en las derrotas de Napoleón y Hitler. Por una parte, como es bien sabido, la derrota de Hitler se debió, discusiones de por medio, a la resistencia y el lento pero inevitable avance ruso en el frente oriental. Hitler cometió el error de creerse su propia propaganda política. La Unión Soviética, bajo el dominio tiránico de Stalin, el cual recién acababa de liquidar a 20 mil oficiales del ejército como parte de las purgas, no tenía que ser más que un país débil. Justo al principio de la Segunda Guerra Mundial, los finlandeses ya habían hecho ver mal al gigante oponiéndole una resistencia inesperada. "Basta con que demos una patada en la puerta, y todo el edificio podrido se vendrá abajo", dijo Hitler. La patada se dió en el verano de 1941 y se llamó, Hitler era un hombre dramático, Operación Barbarroja. Y mucho se ha discutido las razones por las que Stalin no dió muestras de iniciativa o valentía en las primeras semanas. El número de bajas, pérdidas materiales y de territorio, son para no creerse. Los alemanes rompieron todos los récords, la mayor infantería jamás movilizada (quizá sólo en la imaginación de Herodoto encontramos un parangón), las captura más grande de prisioneros en una sola operación, la mayor cantidad de aviones destruidos en una semana... Stalin simplemente no dijo palabra.
Hay dos puntos más o menos dignos de crédito ante esta inmovilidad. Stalin estaba esperando que al ataque alemán por el occidente, los japoneses contestaran con un ataque en oriente. Tomado a dos fuegos, simplemente lo iban a hacer sándwich. Stalin sólo movilizó sus fuerzas de el este lejano cuando supo, por sus agentes, que era de todo imposible un ataque japonés. También existe la hipótesis de que la disposición de las fuerzas era tan mala simplemente porque Hitler se adelantó en semanas a un ataque que el alto mando soviético ya preparaba en su contra (ésto explica por qué los pertrechos de guerra estaban tan cerca de la zona dominada por Alemania). Lo importante a resaltar es que, a pesar de la catástrofe inicial (la vanguardia alemana llegó a divisar las torres del Kremlin a través de binoculares) con la llegada del invierno, vino también el fin de la guerra relámpago. La operación que habría de terminar "antes de la llegada del invierno" acabó, cuatro veranos más tarde, con una hecatombe en Berlín. Pero la derrota alemana había comenzado antes, contra un enemigo singular: Inglaterra.
"Hitler no está peleando sólo contra Stalin, anotó Jûnger en sus diarios, también pelea contra Napoleón". Como Hitler, Napoléon fue derrotado por los rusos. Pero la derrota del corso también inició años antes, y fue también contra el mismo enemigo: Inglaterra. Napoleón comenzó siendo el defensor de la revolución francesa, y supo derrotar, con un ejército mal alimentado y mal pertrechado, a los ingleses en Francia y a los austriacos en Italia. Ya desde los tiempos de Robespierre se veía a Inglaterra como el enemigo más grande. Ideas fantásticas se le ocurrieron a Napoleón para invadir la isla, y finalmente se decidió a embarcar. Pero no hacia Inglaterra, sino hacia Egipto: ahí cortaría el paso de suministros desde las colonias. Para Napoleón, igual que para Hitler, el mapa de Europa era un enorme tablero de ajedrez. Años después, el Emperador estableció un bloqueo continental a los productos ingleses. Tenía que golpear la economía para tomar el país. Sin embargo, pronto se dió cuenta, de que con Rusia como aliada de los ingleses, nunca tendría éxito, por éso invadió Rusia.
Exactamente lo mismo le pasó a Hitler. Su idea de tomar Inglaterra era perfectamente válida. Era el último país de Europa occidental que representaba una amenaza seria. Aún más, aunque tal vez no fuera evidente en ese momento, la isla era un gran portaaviones justo en la entrada de Europa. A principios de los 40 las expediciones aéreas no podían venir desde Estados Unidos, pero sí desde Inglaterra. La resistencia inglesa hizo pensar a Hitler que sin su aliado continental, los ingleses no tendrían más que rendirse. Ypor eso invadió Rusia.
Cuando los enviados de Xerxes fueron a Esparta, lo dijeron claro: si entro a tu país lo voy a arrasar. Inglaterra, un país que en tierra no ofrecería mayor resistencia al hábil Napoleón o a la maquinaria alemana, respondió igual que los espartanos a Xerxes: primero tienes que entrar.

Aracne y Athena. Tejiendo una venganza eterna.

sábado, 24 de marzo de 2012 · Posted in

La Fábula de Aracne, por Velázquez

Soy Aracne, hija de Idmón, el hilandero. Desde niña aprendí el oficio del telar. Mi padre, habilidoso y más capaz que cualquiera para añadir tintes a los hilos, me enseñó los rudimentos cuando apenas era una niña. La lana era su favorita, pero también trabajó el lino y la seda. Desde Egipto y Grecia iban las caravanas hasta Lidia, nuestra tierra, llevando arrobas de hilo sólo para que mi padre los tiñera con púrpura de tiro: baba roja de caracoles fenicios. Reyes, príncipes y emperadores encargaron la confección de sus trajes en nuestros talleres. Alguno de sus mantos llegó incluso a la corte de los medos. Tan grande era mi padre y tan lejos llegó su fama. Y siendo yo su hija, no pude ser otra cosa que la mujer más hábil en el oficio que ojos humanos han visto. A los once años era la mejor hilandera de toda Lidia; mis mantos se vendían lo mismo en Chipre que en Tarento y una admiración más grande aún causaba cuando aquellos que me conocían caían en la cuenta de que aún era una niña. Nunca antes y nunca después se vería tal habilidad en la larga historia de la confección del vestido. Ni los árabes ni los persas, ni los ni los cartagineses ni los fenicios pudieron nunca igualarme.
Al crecer, cuando confeccionaba mis mantos hasta las ninfas y las musas se asomaban entre la floresta para admirar la rapidez de mis manos, la precisión de cada uno de mis dedos actuando como si cada uno tuviera vida propia, y la concentración de todo mi cuerpo en la tarea que era capaz de hacer pasar un diseño cualquiera de mi mente a la tela sin haberlo dibujado antes.
-Qué orgullosa debes estar Aracne, y qué agradecida con la diosa Athena, que te ha dado tal habilidad, escogiéndote a ti dentro de todas las mujeres, decían todos al ver mis creaciones.
-Orgullosa sí, contestaba; pero agradecida con Athenas nunca.
Un dejo de inquietud recorría entonces a quien tales palabras había pronunciado al escucharme desdeñar de tal manera a la diosa.
-Pero si es la diosa de los oficios. Deberías guardarle más respeto.
Pero el respeto yo lo reservo para mi padre, y no para los dioses.
-Si Athena es mejor que yo, entonces que lo demuestre, solía decir. La reto a que aparezca ahora mismo para tejer.
Tantas veces lo repetí y con tanta insistencia, que mis palabras llegaron a Athena. Un buen día una vieja se apareció ante mí con la consabida fórmula:
-Agradece a Athena por el don que te ha dado, no sea que ella misma te lo quite.
-Si fuera tan buena, ya estaría aquí mismo, dije orgullosa, para retarme a crear la tela perfecta. Si es tan buena que se presente ahora mismo.
-¡Ahora mismo aquí estoy!, sonó la voz de la anciana como si fuera un trueno, mientras se transformaba en la diosa. Al momento enrojecí de vergüenza, pero me mantuve firme.
-Veo que al fin decidiste competir conmigo. Pasa pues a mi taller, si es que te atreves, y compitamos.
Athena entró mientras me dirigía una mirada de fuego. De inmediato mis ayudantes prepararon un par de telares y las ninfas, acobardadas huyeron al bosque y a las aguas. Conocían la ira de los dioses. Dio inicio entonces un duelo épico durante el cual las dos dimos grandes muestras de virtuosismo. Hilos subían, bajaban y se cruzaban dando forma a escenas divinas. Los mismos dioses debieron estar atentos a aquella singular competencia. Athena tejió su victoria sobre Poseidón, en tanto que yo dibujé a los dioses olímpicos trocados en animales. Sus actitudes casi humanas saltaban de la imagen. Finalmente lo rematé con una greca alrededor. Mis ayudantes y las ninfas palidecieron cuando los trabajos quedaron terminados. Indudablemente el mío era mejor. No pude entonces esconder una sonrisa. Había vencido a la diosa; no había ni qué decir.
-Soy mejor que tú, afirmé, no sin ocultar mi tono de burla natural.
Ella misma, colérica, lo aceptó.
-Así que eres la mejor tejedora, dijo la diosa estallando, al tiempo que rasgaba mi tela.
-¡No lo contarás!.
Y de inmediato me golpeó con su báculo haciéndome rodar por el suelo a la vista de ninfas, dioses y mis ayudantas. Era evidente que iba a terminar conmigo. Bañada de humillación no pude soportarlo más y me arrastré para tratar de ahorcarme con mis propios hilos. Casi lo consigo, y hubiera sido lo mejor para mí. Sin embargo la ira de Athena no conocía límites.
-Ya que me has humillado de tal manera, te condeno a tejer por toda la eternidad.
Y de nuevo me golpeó con su báculo.
Entonces operó en mí una extraña metamorfosis. Mi cuerpo se encogió, mi vientre se ensanchó y mis extremidades se alargaron y bifurcaron cual dedos dispuestos para hilar. Al instante salí caminando con mis ocho patas y comencé a subir por la soga tejiendo una tela ifinita: me había convertido en la primera araña del mundo.

San Juan y la Voz de Dios

sábado, 28 de enero de 2012 · Posted in , ,

San Juan Evangelista, según el Greco
Leo en El Juego del Apocalipsis, de Jorge Volpi, lo siguiente: "La mayor parte de los eruditos coincide en que Juan de Patmos, como suele llamársele ahora, no es el mismo autor del evangelio y de las cartas atribuidas a el que figuran en el Nuevo Testamento, aunque sin duda se trata de alguien que perteneció a la llamada 'escuela joánica' es, decir, al circulo de seguidores del apostol". Esta declaración aparece en voz de uno de los personajes de la novela, Terry Anderson, experto en el tema. "Supongo que ya nadie se traga la version canónica", dice otro personaje. Casi nadie, responde con autoridad Terry.
Desde luego, hay mucho trabajo en la biblia para los críticos y los escépticos. Es bien sabido que, por ejemplo, los reyes han usado por siglos a los negros literarios para escribir obras que la posteridad les concede. Incluso en la historia moderna alguien como De Gaulle presentó como suya su autobiografia bien escrita, algo que nadie le creyó.
Las editoriales lo hacen mas o menos así: Se buscan a un personaje famoso que pueda vender muchos libros con su nombre en la portada, digamos, Hugh Laurie, el Doctor House. -Hugh, necesitamos que escribas tu autobiografia. -¡Perfecto!, dice Hugh, sólo hay un problema, no sé escribir ni una sola línea con coherencia. - No te apures, querido Hugh. Aquí tenemos a Johny NoName que te va a apoyar realizando ese trabajo. Tu sólo firma como autor. Te vas a llevar un muy buen dinero.-¡Hecho!
Meses despues, el Doctor House presenta a la venta un libro que es un "bestseller" en el que sólo escribio su nombre.
No sólo Hugh Laurie, también Julio César, el rey David y hasta Shakespeare, según algunos atrevidos, usaron negros para escribir obras con las que pasaron a la posteridad. Muchos otros, reyes y personajes públicos, lo han hecho. Escribir es una actividad demandante y, a menos que uno sea un genio, en la primera obra no se logra la maestría de estilo que vemos cualquiera de los libros atribuidos a David. O el rey era un super hombre: valiente militar, audaz politico y excelente escritor; o era lo primero y lo segundo y se consiguio un buen negro que escribiera sus obras para alcanzar lo tercero.
Sin embargo, el escepticismo en relacion a la biblia ha llegado a extremos chocantes. Hay quienes a Cristo, el personaje principal del libro, no le conceden -casi- ningún atributo. La ausencia de hombres tan extraordinarios como él en la actualidad es lo que nos produce tanto desconcierto. No concedemos algo que nosotros mismos no tenemos y nunca hemos visto como atrubuto en alguien más.
Lo que me lleva a pensar que Terry se equivoca, y que Juan de Patmos es efectivamente Juan Evangelista, no es otra cosa que las coincidencias en el evangelio de Juan y el Apocalipsis. Si Juan de Patmos es otra persona, no sólo copió el nombre, sino tambien el estilo y la maestría de su homónimo, ¡estamos ante un verdadero milagro!.
Creo que no es casualidad que esos dos libros sean precisamente los más bellos del Nuevo Testamento -acaso de la biblia-. Compárese la gran similitud que hay en los evangelios de Marcos y Mateo, hay en realidad pocas variantes, al grado que muchos coinciden en que uno copió al otro. Lucas da una version distinta, y es quien menciona lo poco que se sabe de la infancia de Cristo. Aparentemente estuvo en contacto con Maria Madre en los primeros años del cristianismo y recibió esas historias de primera mano. Los tres primeros evangelios son totalmente anecdóticos, sobre todo Lucas. Ninguno de ellos tiene el poder de seduccion y engaño del estilo del de Juan.
"Juan era el discipulo que Jesus más amaba" , dice el mismo Evangelista; algo dificil saberlo, recordemos que Judas Iscariote dice lo mismo en su evangelio. Sin embargo, podemos decir con toda certeza que Juan fue el discipulo que más amó a Cristo. A grado tal que le dio voz y contribuyó, no poco a mi parecer, a volverlo hijo de Dios:

"Al principio era el verbo, y el verbo era con Dios, y el verbo era Dios".

En la Primera Carta insiste:

"Lo que hemos mirado y nuestras almas han palpado acerca del Verbo que es vida".

Este hombre se adelanto dos mil años a Vargas Llosa, ¡EL VERBO ERA DIOS!.Juan se da cuenta, y lo manifiesta desde el principio, del poder de la palabra. Es la palabra la que volverá divino a Cristo. Juan fue el primer deicida. Hizo por Jesús lo que Homero hizo por Aquiles, lo que Arriano hizo por Alejandro y Platón por Socrates: le prestó la voz con la que alcanzó las cotas celestiales. Juan dominaba como ningún otro de los autores bíblicos el arte de escribir. Sabía exactamente qué decir y que ocultar. Sabía que el hombre común debe encontrar el lenguaje de sus libros como algo lejano y propio más bien de seres divinos. Algo a lo que la Iglesia recurrió durante mucho tiempo al incluir pasajes en latín durante las misas. El uso de las lenguas locales contribuyó a popularizar el cristianismo, pero vulgarizó y degradó el mensaje. Un buen traductor de Juan debe alejarse todo lo que pueda, dentro de la riqueza del idioma, del habla común de la gente para que el mensaje siga teniendo ese caracter divino que se le imprimió en el original.
Compárese, de nuevo, la belleza del evangelio de Juan con la versión "New Age" del ministerio de Cristo que escribió Judas Iscariote, o su negro literario, en su recién descubierto evangelio. Personalmente creo que los editores de la biblia hicieron muy bien en no incluir en el canon este y otros libros; no por razones teológicas, sino por razones estéticas. No hay lugar en la biblia, una coleccion de libros bellos, para un libro tan mal escrito y de tan mal gusto como el evangelio de Judas. Flaco favor le hicieron sus amigos si querían librarlo del escarnio infligiéndole para la posteridad uno peor al atribuirle la autoría de ese libro.
El final tambien es solemne e insuperable:

"Jesus hizo muchas otras cosas. Si se escribieran una por una, creo que no habria lugar en el mundo para tantos libros".

Tanta belleza en una frase sólo la encuentro, 1600 años despues, en Cervantes:

"No fuyades, cobardes y viles criaturas, que un solo caballero es el que os acomete."

Es Don Quijote, lanza en ristre, contra los molinos de viento.
Pero es en el Apocalipsis en donde Juan verdaderamente suplanta a Dios, lo crea a través de la palabra. Ningún otro de los libros de la biblia tiene tal poder de persuación. El Apocalipsis es de los libros más impresionantes de toda la biblia, y hasta el día de hoy es capaz de generar debates encendidos como si el fin del mundo fuera a ocurrir mañana. Pero no es sólo el tema lo que impacta. Hay que recordar que Daniel ya habia escrito algo similar siglos antes. Y las profecías de Daniel no son, ni de lejos, tan familiares hoy como lo son las de Juan.
Basten de nuevo unas frases elegidas casi al azar:

"Yo soy el Alfa y la Omega, El que Es, el que era, y el que ha de venir; el Señor del Universo".

"He aquí, yo estoy a la puerta y llamo: si alguien escucha y abre la puerta entraré y cenaré con él y él conmigo".

"Yo soy el camino, la verdad y la vida"

"Yo soy el Alfa y la Omega, El primero y el Último, el Principio y el Fin".

El final es mejor:

"El que da fe de estas palabras dice: 'sí, vengo pronto'".

Un amigo mío me ha dicho muchas veces que Bach escribió la música de Dios. Lo concedo. Pero basta con leer las frases anteriores para saber que Dios, si existe, tiene que hablar asi: con la voz que le dió san Juan Evangelista.
Es Vargas Llosa quien ha dicho, con toda razon, que un buen escritor tiene la virtud de poder narrar una historia con las palabras exactas que ésta requiere. Que las palabras y la historia se necesitan una a la otra y que esta sólo puede ser contada, y creída, con, y sólo con, aquellas, justas e invariables. En Busca del Tiempo Perdido, La Iliada, el Quijote, el Apocalipsis, tuvieron y necesitaron ser escritos tal como lo están para poder sobrevivir hasta ahora. Con las pausas y los tiempos, con lo que revelan y ocultan, con todo lo añadido y todo lo suprimido. Caso contrario, las obras no estarían con nosotros. Habla bien de los antiguos judíos el que un pescador, hijo de aldeanos y pescadores, sin dinero y sin la menor educación formal escribiera algunos de los libros más importantes de la humanidad y contribuyera tanto a la formación actual del mundo. Aunque tal vez no sea una casualidad que haya sido alguien tan humilde, quien le prestara su voz al hijo de Dios. Quizá sólo estaba huyendo de sus orígenes, de su pasado y de su condición. Y en su afán por alejarse de lo terreno, alcanzó lo divino.

Kaibiles, Espartanos y Sociedades Militares

sábado, 14 de enero de 2012 · Posted in

Churchill, defensor de la cultura.
Durante la segunda guerra mundial, justo cuando la existencia de Inglaterra, bien o mal la democracia más exitosa y duradera de nuestro tiempo, estaba amenazada por los nazis, Churchill sorprendió al parlamento con una petición extraña: el primer ministro quería asignar un presupuesto demasiado alto a la cultura y a las artes. Como si los tiempos estuvieran para sensualidades. El parlamento se opuso argumentando que la prioridad era entonces vencer al enemigo que amenazaba con tragarse a Europa entera. Ya vendrían, después de la victoria, tiempos de bonanza en los que los ingleses dedicarían sus esfuerzos a las artes y a los oficios. Por lo pronto a matar alemanes.  De los argumentos de Churchill para defender su propuesta sobresale, como venida de la Grecia clásica, la siguiente frase: "si no vamos a tener arte, ciencias ni cultura, entonces por qué vamos a pelear".
Churchill tenía razón. Alemania ya había expulsado o aniquilado a millones de personas del centro de Europa, muchos de ellos científicos y artistas que buscaron refugio en Estados Unidos. Si el Reino Unido se iba a convertir en un desierto cultural y en una sociedad militar, entonces bien podían someterse sin más al enemigo.
Desde siempre, Esparta ha sido modelo de las sociedades militares. Justo después  del nacimiento, los niños eran expuestos a la muerte alejándolos por días en las montañas, sólo los que sobrevivían eran aptos para ser soldados. Se practicaba la eugenesia y nadie podía poseer más que los demás. Nadie podía desertar y tampoco conocían otras sociedades. El espartano no recibía una ración de alimentos, estaba obligado a robar, cazar y hacer cualquier cosa para sobrevivir, como en una guerra; tampoco tenía vida marital, debía vivir permanentemente en un cuartel y sólo se casaba para procrear hijos-soldados. Esparta no tenía un ejército, Esparta era un ejército. Un extranjero agudo e ingenioso dijo después de una visita: no me sorprende que los espartanos sean tan buenos soldados, con la vida que llevan es comprensible que no le teman a la muerte.  Esa disciplina del pueblo dorio rindió sus frutos: sometieron a la esclavitud a la población pelasga y aquea nativa mucho más numerosa, con los cuales nunca se mezclaron, contribuyeron a la victoria griega sobre el imperio persa (tal vez el evento militar más recordado de la segunda guerra médica sea el enfrentamiento del rey Leónidas y trescientos de sus soldados contra un ejercito de cientos de miles de persas a los cuales les causaron, según cifras más o menos alegres, unas diez mil bajas) y se enfrascaron en una guerra de 30 años con Atenas, a la cual dejaron en una debacle de la que nunca se recuperó. Sin embargo nunca ocurrió lo que Licurgo, el creador de ese código de conducta, pronosticó: nunca la disciplina exaltó el espíritu espartano para producir grandes obras de arquitectura, ni arte ni poesía. 2400 años después Esparta es un pueblito habitado por algunos miles de habitantes que no recuerdan para nada su glorioso pasado militar.
En cambio Atenas no fue un pueblo guerrero. Los ejércitos de Maratón, Salamina y Platea eran en su mayoría artesanos, campesinos y artistas de pronto transformados en soldados para defender su libertad, su democracia y su cultura. Fueron un pueblo cosmopolita que por su ubicación geográfica tuvieron que volverse navegantes y salir muy pronto de su aislamiento. Las traiciones políticas iban y venían y muchas injusticias cometió Atenas con algunos de sus mejores hombres; no tuvieron una férrea disciplina militar aplicada a su vida y la imágen que ha trascendido de ellos es más bien de tipos licenciosos muy dados al placer. Sin embargo, más de veinte siglos después, tanto Sócrates como Platón, Aristóteles y Jenofonte, Eurípides y Esquilo, siguen siendo referentes culturales en la historia de occidente. En las guerras médicas, Atenas tenía por qué luchar, Esparta no.
Pero qué tanto se puede prescindir de un ejército entrenado y disciplinado que proteja a la población civil de eventuales enemigos internos o externos. Después de todo nos gusta recordar las hazañas militares, más que cualquier obra científica o cultural, como símbolo de la grandeza de nuestro pueblo. Actualmente América Central y México viven en una guerra de guerrillas más o menos declarada entre narcotraficantes y ejércitos regulares en la que contínuamente ocurren masacres en uno y otro lado. La respuesta única de los gobiernos de los países involucrados ha sido aumentar el número y la agresividad de los soldados. Kaibil es un título que reciben algunos militares, principalmente guatemaltecos, pero también los hay de otros países, que sobreviven a un entrenamiento en centroamérica diseñado para convertirlos a base de torturas físicas y sicológicas en, más o menos, en unos autómatas que cumplan órdenes en el campo de batalla sin cuestionar nada. El nuevo presidente de Guatemala, general retirado Otto Pérez Molina, advierte que los kaibiles serán la fuerza con la que atacará a los narcotraficantes en su país. Muchos ciudadanos guatemaltecos, y mexicanos, se sienten orgullosos de la sola existencia de ese grupo militar y piensan que están más seguros con esas personas patrullando las calles. Pero resulta que los kaibiles se vuelven pronto desertores de los ejércitos regulares y son contratados por los mismos criminales a los que combatirían y los cuales les pagan salarios más altos que los que les da el gobierno.  También es conveniente recordar que los narcotraficantes no caen del cielo; son hombres y mujeres de nuestros propios países, o aun si no lo fueran, no podrían cometer sus crímenes sin el apoyo y la complicidad de los gobiernos locales.  En este, como en otros casos, se destruye desde adentro lo que se quiere proteger del exterior.
Suiza es un país ubicado en una de las zonas, históricamente, más conflictivas del planeta: el centro de Europa. Con Alemania, Francia y Austria presionando por un lado y Rusia; por el otro, Suiza se las ha arreglado para permanecer neutral durante las dos guerras mundiales. Los pacíficos suizos no tienen el mejor ejército del mundo, de hecho su milicia es casi inexistente. Japón también está ubicado en una zona políticamente inestable: Rusia, Corea del Norte y China son naciones con armamento nuclear que constituyen una amenaza más o menos seria. Sin embargo Japón ha dejado de ser una sociedad militar. Su trabajo, sus productos electrónicos y sus empresarios les han servido para conquistar mercados en todo el mundo. Japón no necesita que asesinos de diseño patrullen sus calles para darles seguridad.
"La única manera en la que las cosas calan es cuando el cuerpo está destruído, cuando lo aqueja el hambre, la fatiga, la sed, el calor y el frío. Entonces el cuerpo ya no se resiste, se fortalece", dice un kaibil con palabras que bien pudo haber dicho Licurgo. ¡Cuánta distancia hay entre países que buscan su salvación en las faldas de los militares, como México y Guatemala, y las democracias que sobreviven gracias a la vigilancia y participación de todos sus ciudadanos como Grecia y Reino Unido! La misma que hay, dicho sea sin ánimos de ofender, entre Sócrates y los kaibiles.

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